El Trabajo en el Chile Neoliberal: Empleo informal, trabajo por cuenta propia y autoexplotación como mecanismos de subsistencia

El Trabajo en el Chile Neoliberal:  Empleo informal, trabajo por cuenta propia y autoexplotación como mecanismos de subsistencia

Por Mario Ramírez

Vicepresidente de Los Hijos de Mafalda

 

Antes de cualquier descripción o análisis que queramos hacer con respecto a la realidad laboral de Chile, es necesario definir primero los términos “Trabajo” y “Empleo”, para así, partir de una base conceptual que nos permita una mejor contextualización y nos evite confusiones al momento de aplicarlos, puesto que suelen usarse como sinónimos y no lo son.

 

En primer lugar, el Trabajo se define como el conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos[1].

 

Por otra parte, el Empleo, es definido como "trabajo efectuado a cambio de pago (salario, sueldo, comisiones, propinas, pagos a destajo o pagos en especie)" sin importar la relación de dependencia (si es empleo dependiente-asalariado, o independiente-autoempleo)[2].

 

Partiendo de estas definiciones básicas, podemos decir que, el Trabajo y los sujetos que lo ejercen, es decir, nosotros los trabajadores, somos el eje rector de los procesos productivos de cualquier sociedad y tipo de economía, sea ésta capitalista, neoliberal o socialdemócrata, puesto que al emplearnos en los respectivos trabajos que establece el mercado laboral, y recibir por ello una remuneración, generamos la riqueza, bienes y servicios de la nación, más aún, al momento de consumir los distintos bienes y productos generados por nuestra actividad (física/manual o intelectual), pagamos un conjunto de impuestos, que, dicho sea de paso, los empresarios recuperan si compran con factura o simplemente no los pagan, por ejemplo, el IVA (impuesto al valor agregado), que el año 2013 representó el 40,1% del total de los ingresos del Estado, dinero con que se financió el 37,5% del total de los gastos del gobierno. No siendo esto suficiente, sobre este IVA pagamos además otros gravámenes obligatorios, como el impuesto específico a la cerveza (15%), sobre impuesto al vino (15%), al pisco (27%), al whisky (27%); a las bebidas azucaradas un sobre impuesto que es de un 13%, porcentaje que sumado al IVA, nos arroja un total de un 32%. Pero donde observamos la mayor concentración de impuestos, es en los combustibles, donde la mitad del precio que pagamos es impuesto.

 

Contrario a los trabajadores, los empresarios, quienes no dependen de un empleo, puesto que ellos siendo dueños de los medios y herramientas de producción, de las materias primas y recursos naturales, no son, lógicamente, empleados, por lo tanto, a diferencia de los trabajadores, los empresarios tampoco dependen de un salario o remuneración por un trabajo efectuado, si no que, acaparan utilidades, excedentes y altas ganancias provenientes de la explotación de la tierra y sus recursos naturales, de la apropiación del trabajo ajeno, y de la elusión y evasión de impuestos. A esto, se suma el hecho de que los grandes y mega empresarios en nuestro país representan, a través de sus empresas, sólo el 0,4% del empleo, no así los microempresarios, que dan el 91,92% del empleo en Chile[3], además, pagan impuestos y emplean su fuerza de trabajo en la producción de bienes y servicios.

 

Entonces, en la práctica, y de acuerdo a las distintas estadísticas expuestas anteriormente, no son los empresarios el motor de la sociedad, menos aun son los que dan trabajo, puesto que es el pueblo y los trabajadores los que, conformando micro/pequeñas y medianas empresas, generan la mayor parte de los empleos, lo cual para muchos puede ser positivo, ya que esto expresa en teoría, el “ideal” del libre mercado y su posibilidad de emprendimiento e innovación. Sin embargo, este “ideal”, no se cumple más que para el gran y mega empresario (como Luksic, Matte, Paulmann, Angelini, Saieh, Larraín, Solari, Cueto, Cuneo, etc.), quienes se apropian constante y sistemáticamente del presupuesto del Estado vía subsidios, es decir, de nuestro dinero. Esta situación queda en evidencia cuando sabemos que “nuestra principal institución dedicada al fomento a la innovación, a la Investigación y Desarrollo, y nuevos emprendimientos, como es CORFO, cuenta con cerca de mil millones de dólares para el anterior propósito y, aunque corresponden a platas públicas, su mayor porcentaje está centrado en favorecer con financiamientos desproporcionados a los “nuevos emprendimientos” que forman parte de las redes sociales de la pequeña élite económica de nuestro país, mientras la gran mayoría de los pequeños emprendedores, rodeada de una enorme burocracia, recibe migajas[4].”

 

Además, es la misma CORFO, con el ministerio de economía, que en 2010 crearon el programa de emprendimiento “Start-Up Chile”, el cual, según sus creadores, aspira a convertir al país en el centro líder en innovación de América Latina, junto con una serie de programas complementarios que contribuyen a facilitar la transferencia internacional de tecnologías. “El programa Start-up Chile ha generado, entre su fecha de inicio y el 2013, más de 700 nuevas empresas, muchas de las cuales han sido creadas por emprendedores extranjeros. El programa, trata de atraer a emprendedores extranjeros ofreciéndoles USD 40 000 en forma de capital semilla (sin participación accionaria) y una visa de trabajo de corto plazo para aquellos emprendedores que se trasladen a Chile a desarrollar sus proyectos durante un periodo de seis meses. Hasta la fecha, el programa ha respaldado proyectos procedentes de más de 70 países. Esto ha contribuido a impulsar el atractivo de Chile como centro de desarrollo de nuevas empresas y compensa las débiles percepciones existentes sobre su capacidad de innovación y su disposición a tomar riesgos.[5]

 

Con esta información , en la práctica, vemos que ese ideal de libertad de emprendimiento, que tanto se jactan los empresarios y sus representantes políticos a la hora de hablar y defender el modelo de desarrollo existente en Chile, no es tal, más que para una oligarquía improductiva, quienes con dineros pertenecientes a nosotros los trabajadores y el pueblo, invierten en sus empresas, muchas de las cuales son de bajo nivel productivo, cuando este dinero debería ir destinado a las micro, pequeñas y medianas empresas, que son el motor de la economía y que no pertenecen a la “elite” dominante, o a trabajadores que requieren verdaderamente financiamiento para alguna innovación, emprendimiento o empresa que responda a las necesidades y demandas de la clase trabajadora y de la comunidad. Sin embargo, no le podemos pedir al Estado neoliberal subsidiario, creado justamente por la clase dominante, y que por ello responde a sólo a sus intereses, de que se ponga al servicio del pueblo y los trabajadores, que son quienes financian a dicha oligarquía improductiva; no le podemos pedir a los empresarios y a sus  representantes políticos (“Nueva Mayoría” o Alianza) que apliquen leyes, medidas o proyectos socialistas, y si alguna vez lo hacemos, significaría no tener ninguna claridad política.

 

Este estado de cosas, responde a que en Chile tras la instalación del modelo político-económico Neoliberal subsidiario, impuesto a sangre y fuego en nuestro país por una tiranía, luego profundizado por una dictadura concertacionista, se impusieron, en términos de trabajo y empleo, condiciones notablemente precarias para los trabajadores. Es así, que tomando los antecedentes históricos que producen la situación actual, notamos que la privatización de las empresas estratégicas del Estado y de servicios básicos, como electricidad, agua, telecomunicaciones, gas, petróleo, gasolina, cobre, molibdeno, litio, etc.; la completa privatización de otras empresas de propiedad mixta y el aumento del sector terciario de la economía (área servicios, como consecuencia del arrase extractor-exportador), incluyó políticas de flexibilización y tercerización laboral, maximización de utilidades a través del estancamiento de los salarios, medidas antisindicales etc., conjunto de políticas apoyadas por empresarios como Rockefeller, políticos estadounidenses y entidades internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial. Dichas políticas, determinaron la proliferación de diversas modalidades de trabajo Informal, que es, el que no cuenta con ningún tipo de contrato, ni pago de leyes sociales. Este tipo de trabajo no cuenta con ninguna protección social ni legal. Los trabajadores informales trabajan como vendedores ambulantes, propineros de supermercados, artistas callejeros, microempresarios, coleros de ferias libres, trabajadores a domicilio, trabajadoras temporeras, cuenta propia, familiar o personal remunerado y no remunerado.

 

A estas nuevas formas de trabajo precario, se le suma el subempleo horario, el cual “integra a todas aquellas personas que trabajan en jornada parcial o algunas horas a la semana y que están dispuestas a trabajar tiempo completo, pero no encuentran un empleo con estas características[6]”. El subempleo horario, además, disminuye la probabilidad de tener un empleo protegido, es decir con contrato escrito, indefinido, liquidación de sueldo y cotizaciones para pensión, salud y seguro de desempleo. Bajo esta categoría tenemos en Chile a 640 mil trabajadores que no encuentran un empleo que les satisfaga sus necesidades básicas[7].

 

Recapitulando, la información y la idea principal de este texto, es demostrar cómo, en las últimos cuatro décadas, el empleo formal, que es el que cumple con un conjunto de características específicas como: contrato de trabajo indefinido o a plazo fijo, pago de imposiciones para las pensiones y la salud permanente, ha ido debilitándose para dar paso al trabajo informal y sus subcategorías de empleo precario. Este fenómeno producido por el gran empresariado, es un problema que se presenta, a nivel mundial, en todas partes donde se instale el neoliberalismo; pero particularmente, es Latinoamérica y el Caribe, la región históricamente explotada por las naciones llamadas centro, las que presentan el más alto índice de informalidad laboral, en donde hasta el 2012 se presenta un 47.7% de los ocupados en dicha condición, lo cual equivale a casi 130 millones de personas[8].

 

Sólo como dato, en Chile, entre finales del 2013 y comienzo del 2014 un 41,6% del total de ocupados y un 56% de los asalariados presentan un empleo formal[9]. Esto revela, que el avance y el progreso en términos de empleo en Chile, que ha sido tan ampliamente difundido por nuestras autoridades y los empresarios en sus medios de comunicación, no es tal. Muy por el contrario, estos datos reflejan, que el empleo en nuestro país avanza hacia tierras pantanosas en donde los trabajadores se hunden cada vez más en condiciones de inestabilidad e incertidumbre laboral.

 

Una vez expuesta, en términos generales, la dinámica del trabajo y el empleo en Chile, debemos referirnos a la categoría ocupacional, que debido a su aumento constante y sistemático en los últimos años, más nos preocupa al momento de analizar la situación manifestada a lo largo del texto; nos referimos al “Empleo por cuenta propia”. Dicha modalidad de trabajo, es el donde una persona explota su propia empresa económica o ejerce independientemente una profesión u oficio, pero no tiene ningún empleado a sueldo o salario[10].

 

Estas formas de empleo por cuenta propia, “en su mayoría corresponden a “empresas o negocios de papel” que sólo poseen un RUT y/o corresponden a micro y pequeñas empresas que sobreviven en la precariedad económica en el área de servicios y comercio, ya que las mismas tienen una casi nula presencia en los rankings asociados a innovación de productos de impacto global o a negocios surgidos por patentes asociadas a conocimiento de última generación[11]”. Esto quiere decir, que en este tipo de emprendimiento o empresa todo riesgo, costo, inversiones, imposiciones y patentes asociadas, deben ser asumidos por la persona natural que lleva en sus hombros, el peso de dicha unidad productiva, puesto que no cuenta con un financiamiento, capital o leyes que les permita desarrollarse y competir a escala mayor. Por lo tanto, dicho emprendimiento es en la práctica una unidad de subsistencia, que permite, a costa de un elevado nivel de autoexplotación (ya que la mayoría de los empleos por cuenta propia están situados en el sector terciario de la economía, principalmente el comercio y el área servicios, de alta demanda los fines de semana, en consecuencia, estos trabajadores se ven obligados a participar de esta dinámica los sábados, domingos y festivos) obtener ingresos que les permite sólo mantenerse en la subsistencia y seguir reproduciendo las condiciones materiales y espirituales de ésta.

 

Según las estadísticas oficiales, el 65% de empleos creados en los últimos años son por cuenta propia, vale decir, que de las 208 mil plazas de trabajo creadas entre el segundo trimestre del 2013 y el mismo periodo del 2014, las que suman 135 mil, son por cuenta propia. Sobre estos antecedentes empíricos, varios economistas liberales o incluso aquellos que defienden el neoliberalismo, sostienen que es preocupante que dicha cantidad de empleos sean de este tipo, “ya que lo normal es que no fueran más de 45 mil. Parte de este aumento del trabajo por cuenta propia, se debe a las altas tasas de desempleo, el que ha sido disfrazado, y que se va a manifestar durante el año”, detalló Joseph Ramos economista y académico de la universidad de Chile[12].

 

Para complementar la información ya entregada con respecto a los trabajadores por cuenta propia, conviene saber que actualmente, de los 7.883.900 ocupados a nivel nacional, 1.633.890 son cuenta propia; donde según sexo, la mujer está más representada en esta forma precaria de empleo, que en muchos casos, no supera la media jornada de 30 horas semanales con salarios, en estos trabajos, en torno a los $78.438.

 

Los sectores económicos que representaron las mayores incidencias en el aumento del empleo por cuenta propia -que en 12 meses registró una variación de 121.080 personas-, son principalmente, Industria Manufacturera (31.900 personas), Comercio (31.400 personas) y Construcción (21.100 personas). En el primer sector destacan mayormente actividades relacionadas a la producción de alimentos, textiles, estructuras metálicas y fabricación de muebles. Según grupo ocupacional, se concentran en Oficiales, Operarios y Artesanos de artes mecánicas y de otros oficios. Destaca también en este tipo de actividades que la jornada promedio semanal alcanzó las 30 horas efectivamente trabajadas.

 

Pero esta gran “oleada” de trabajadores por cuenta propia, que el modelo de dominación político-económico ha generado intencional y planificadamente, además de estar en circunstancias de desventaja económica frente a los grandes y mega empresarios al momento de invertir en sus pequeños emprendimientos, puesto que  están desprovistos de los medios de producción y materias primas que se han apropiado estos últimos; además de no contar con un conjunto de conocimientos e información necesaria al momento de iniciar un empleo de este tipo, muchas veces por necesidad y por no encontrar un trabajo en lo que estudiaron (es el caso de la llamada cesantía ilustrada), puesto que la misma educación, formación e información que se nos entrega en las distintas instituciones es la necesaria para reproducir el modelo de sociedad dividido en clases sociales; encima de estar sometidos a la autoexplotación de carácter aparentemente “libre”, y percibir un salario de subsistencia que bien funciona como control social;  como si todo esto fuese poco, los trabajadores por cuenta propia deben financiar por sí mismos la cobertura del seguro de invalidez y sobrevivencia de las AFP[13].

 

Todo esto expresa, el evidente, desamparo total en que nos encontramos los trabajadores, que dicho sea de paso, seguiremos aumentando en adelante, y cada vez más este desempleo disfrazado contará con la presencia de nuevos profesionales cesantes que el mercado laboral no es capaz de absorber. En este sentido, el empleo por cuenta propia y otras formas de desempleo encubierto son los modos de trabajo que terminan realizando el 54% de los profesionales que no ejercen su profesión.

 

Como posible salida a esta paupérrima situación laboral en Chile, Latinoamérica y el Caribe, y como alternativa posible a todo país donde se ha impuesto a la fuerza el modelo Neoliberal Subsidiario, extractor- exportador de materias primas, que ha suprimido la producción de  manufacturas complejas al eliminar las industrias, para así eliminar al enemigo histórico de los procesos de acumulación de riqueza en pocas familias, es decir, para matar la figura del trabajador organizado en sindicatos, puesto que el sindicato funciona como fuente que brinda poder a la clase trabajadora y en consecuencia le resta poder a la clase dominante que se apropia de las industrias, empresas, tierras, y de los mismos bienes producidos en el proceso de trabajo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su documento “Panorama Laboral 2013” plantea que “para reducir la tasa de informalidad a la mitad, la productividad de América Latina debería crecer en 140%. A la inversa, altos índices de empleo informal también pueden limitar el crecimiento de la productividad[14].

 

Primero que todo, la OIT por ser una organización que funciona con las lógicas y políticas de la clase dominante, claramente no va a establecer cuál es el problema de fondo de esta situación; no va a identificar como enemigo histórico de los trabajadores y causante de sus miserables condiciones laborales, a las familias o grupos económicos que controlan esta misma organización internacional. Por lo tanto, a la OIT no le queda más que hacer un planteamiento que en la práctica se pierde al momento de identificar el problema real y concreto, que es que, esta economía neoliberal, es subdesarrollada e improductiva, es decir, está limitada a ser sólo fuente de materias primas, como cobre, litio, molibdeno, frutas, madera, salmón, etc., en consecuencia, no permite generar un proceso de industrialización para producir manufacturas más complejas, como televisores, refrigeradores, computadores, dispositivos electrónicos e inclusive automóviles. En este sentido, los trabajadores chilenos no tenemos, por ejemplo, una industria pesada que genere valor agregado a nuestro cobre, principal metal de extracción- exportación. Finalmente, los trabajadores quedan obligados a emplearse  en actividades relacionadas con los servicios  no productores de bienes, o sea, al sector terciario de la economía (también llamado sector servicios). Es por eso, que no tiene razón ni sentido pedir a estas atomizadas unidades productivas que se alude en este texto, a que generen una mayor productividad, ya que el neoliberalismo en sí es un sistema que al instalarse en un determinado Estado-nación lo desindustrializa, dejando aquellas masas de trabajadores industriales “de patitas en la calle” o en sus casas, sin posibilidad alguna de organizarse en torno a sus derechos, que antes de la llegada de dicho sistema tenían en buena medida consagrados (Trabajo, Salud, Vivienda, Educación y Pensión), listos así entonces, para trabajar en las calles como vendedores ambulantes, propineros de supermercado, malabaristas de semáforo, artistas de transantiago, estacionadores de vehículos, coleros de ferias libres, vendedor de diversos artículos a la salida del metro; en carros de sopaipillas, carros de desayuno y colaciones en las ferias, persas, mall, y paraderos de micros; lavadores de autos y alfombras, trabajadores en el negocio de su casa, trabajadores del carro de completos,  profesores y preparadores físicos a domicilio, trabajadores en talleres automotrices menores; y en el peor de los casos, personas que el desamparo social los lleva directamente a la indigencia y a la limosna. Finalmente, los que subsisten en este tipo de trabajo precario, lo hacen perdiendo también toda relación consciente con la cadena productiva, en otras palabras, al trabajador por cuenta propia se le ha instalado la ideología del individualismo, que establece que, aquel trabajador es 100% libre, en particular, económicamente hablando. Aquel trabajador suele pensar erróneamente que trabaja sólo para él, porque nadie lo manda, ignorando así la dinámica de las cadenas productivas; sin embargo la misma práctica cotidiana se encarga de comprobar que esa libertad que pertenece al discurso del empresario, no se cumple en lo absoluto, puesto que los únicos que tienen real libertad económica son los grandes y mega empresarios, cuando conforman, sin ningún impedimento, sus monopolios, oligopolios y monopsonios. Por el contrario, los trabajadores estamos atados a un salario, que nos conduce al endeudamiento con la banca constantemente; esclavos de la explotación en los empleos o autoempleos; esclavos posmodernos que no tenemos tiempo efectivo de ocio, puesto que en Chile se trabaja 12 horas, condiciones materiales alienantes que nos vuelve susceptibles a la enajenación televisiva (farándula, teleseries, las mismas noticias y el fútbol), la religiosa idealista y la enajenación en las drogas duras, todas ellas, instrumentos políticos que ocupa el empresariado para distraer, engañar y atemorizar a los trabajadores, para que de esta forma no puedan ser conscientes de su pobreza , no puedan pensar, manifestarse y luego organizarse como clase. Y para empeorar a un más la situación, los trabajadores chilenos estamos propensos a padecer un conjunto de enfermedades psicosociales, como los famosos trastornos del sueño, depresiones, trastornos alimentarios, etc., tanto así, que “Chile tiene la tasa de depresión más alta del mundo. En la última Encuesta Nacional de Salud se logró establecer que 2 de cada 10 chilenos presentaban síntomas depresivos como para provocar algún grado de incapacidad funcional. Si uno compara eso con la estadística internacional, el promedio en estudios similares, hay 4 veces más prevalencia de síntomas depresivos en la población de chilenos adultos que en el resto de la población mundial[15]”.

 

Si relacionamos esta última información, con el tipo de empleo precario que hemos venido exponiendo, nos daremos cuenta que el subsistir con un trabajo en estas condiciones aberrantes, con bajos salarios, extensas jornadas laborales, sin derechos sociales consagrados, sin posibilidad de organización colectiva, sobre la base de relaciones sociales de producción centradas en la competencia y no en la colaboración, en consecuencia un clima laboral de alta presión, o simple y llanamente, no tener acceso a un empleo, nos lleva finalmente a volvernos inseguros, temerosos, agresivos; a permearnos por las ideas y conductas de la ideología neoliberal individualista que nos obnubila y no nos deja ver a los sujetos que tenemos al lado, sea este compañero, colega, vecino o incluso familiar, quienes muy probablemente tienen los mismos problemas  que nosotros.  Al final, ¿nos daremos cuenta que estamos solos, y que hemos perdido la esperanza?

 

Finalmente, frente a esta situación, Los Hijos de Mafalda, tenemos la convicción de que no estamos solos, que tenemos a todo un pueblo trabajador desorganizado y varias organizaciones hermanas, con los cuales seguiremos trabajando en los distintos territorios del país proyectando la vital y necesaria transformación del modelo político y económico de nuestro país. Para esto, debemos movernos de una economía subdesarrollada, a una industrializada, que disponga vastas oportunidades laborales, en consecuencia, superiores condiciones materiales de existencia, que a su vez, generen mejores condiciones subjetivas en los trabajadores para que estos vayan recuperando la esperanza que se les ha matado. Si avanzamos en este camino, es primordial la reeducación y formación de los trabajadores en el campo político, social, económico, cultural e histórico, datándolos de los conocimientos y herramientas teóricas y prácticas que les permitirá posicionarse en el poder, que el neoliberalismo les vino a arrebatar, con un Proyecto Político Revolucionario que tiene como eje rector del desarrollo el Trabajo y como motor a quienes lo ejercen, porque sin trabajo no hay vida humana posible y sin trabajadores no hay empresas ni industrias, no hay bienes de consumo ni servicios básicos.

 

Paso a paso, Los Hijos de Mafalda, junto a sus compañeros y amigos, seguirán el proceso de formación política que nos permitirá avanzar hacia la cimentación de una sociedad donde el Estado no esté al servicio de los intereses de una oligarquía saqueadora, sino que esté al servicio de quienes lo financian, o sea, del pueblo y los trabajadores, quienes tendrán consagrado el Derecho al Trabajo. Sociedad que sentará las bases políticas y económicas para la construcción del Socialismo.

 

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Mario Ramírez Flores

Vicepresidente de Los Hijos de Mafalda.

 

“El Mayor Compromiso Con Nuestro Pueblo Es La organización.

Súmate Al Trabajo de Los Hijos de Mafalda”



[2] http://www.ilo.org/thesaurus/defaultes.asp                                                            

[3] DF 10 de octubre 2013. Fuente Cálculos del Banco Central en base a la operación renta 2012 del SII.

[6] Ver XIII CIET (Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo) y en Hussmanns, R., Mehran, F., y V. Verma (1993). “Encuestas de Población Económicamente Activa, empleo, desempleo y subempleo”. OIT

[7] Fundación sol. Minuta de Empleo n° 44 Enero-Marzo 2014

[9] Fundación sol. Minuta de Empleo n° 44 Enero-Marzo 2014

[12] http://diario.latercera.com/2014/04/01/01/contenido/negocios/10-161218-9-el-65-de-empleos-creados-en-ultimo-ano-son-cuenta-propia.shtm