El 11 de Septiembre: ¿Sólo representa la violación de los Derechos Humanos?

El 11 de Septiembre: ¿Sólo representa la violación de los Derechos Humanos?

Por Mario Paz, Secretario de los Hijos de Mafalda

 

Mucho se ha escrito y expresado sobre el 11 de septiembre de 1973, las historias de violencia son múltiples y muy dolorosas, ya que somos miles los chilenos que nos tocó vivir las consecuencias del golpe de Estado en carne propia, y también fuimos muchos los chilenos y extranjeros que luchamos contra la tiranía y sufrimos su represión.

 

Pero todas las historias sobre el 11 de septiembre hoy terminan con un denominador común, que son las atrocidades cometidas por la tiranía, que identificamos como violación de los derechos fundamentales de los seres humanos, violaciones que no pueden ser discutidas ni negadas y menos olvidadas. Pero el hecho de establecer que el 11 de septiembre sólo representa la represión ejecutada por el Estado frente al “supuesto” desorden existente en el país, y que hoy en día establezcamos que la violación de los derechos humanos es la única consecuencia del golpe de Estado de 1973, es cometer un grave error histórico-político y económico. Pensar que el 11 de septiembre es solamente una fecha para recordar a nuestros muertos, desaparecidos, torturados y caídos en combate, es hacerle el juego al enemigo, entendido a este como neoliberales y liberales, hoy alianza y concertación.

 

El golpe de Estado de 1973, es la expresión política, económica, militar y cultural de la lucha ideológica entre capitalismo y marxismo, o dicho de una forma más directa, el golpe del 73´ es la expresión material de la lucha de clases, donde la violación de los derechos humanos es sólo la consecuencia lógica de esta lucha. Con esto quiero decir directamente que, la intención de la derecha nunca fue violar los derechos humanos, por el contrario, la idea fue destruir una ideología que no sólo disputaba su poder, si no que en dicho período histórico ya se lo estaba arrebatando. Por lo tanto, nuestro enemigo histórico entiende que para destruir la ideología que otorga poder a nuestro pueblo,  debe destruir al mismo pueblo.

 

El reprimir, el encarcelar, el torturar, el matar y hacer desaparecer a nuestro pueblo, es una conducta habitual y normalizada por parte de la derecha política y económica, y si no están de acuerdo con esta afirmación, sólo deben  revisar la historia de Chile, y lo podrán constatar. Por consiguiente, matar al pueblo es parte del ejercicio natural del enemigo del pueblo, cuando este mismo pueblo comienza a disputar el poder a la oligarquía.

 

Lo expresado, ahora hay que contextualizarlo, para ello lo primero que debemos establecer, es que en la década de los 70´en Chile y el mundo existía un estado de guerra generalizada. En este periodo, vivíamos en un mundo en conflicto. Dicho conflicto, es denominado como “La guerra fría”, donde se enfrentaban las grandes potencias ideológicas (Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), hoy el capitalismo y el marxismo.

 

La guerra fría, es la forma de denominar el conflicto entre los países capitalistas y los llamados países comunistas, conflicto que da comienzo una vez terminada la II guerra mundial, y que persigue la hegemonía mundial. Esta guerra se manifestó materialmente en diversos conflictos armados en el mundo, donde se cuestionaba, criticaba y se trataba de modificar al Estado capitalista. Las grandes potencias mundiales, en este periodo, no se enfrentaban abierta y directamente, la guerra se expresaba en apoyar económica y militarmente a uno u otro bando en disputa. Ejemplo de ello es la guerra de Corea, Indo China, Vietnam, el Congo y Cuba entre otros.

 

Todas estas guerras de liberación nacional, tenían como objetivo terminar con la oligarquía nacional y recuperar las empresas estratégicas y las materias primas que estaban en manos del capital transnacional.

 

El periodo posterior a la II guerra, trajo diversas consecuencias, una de ellas es el nacimiento del neoliberalismo en manos de Friedrich Von Hayek en 1946, por otro lado, se fortalece la idea de una independencia, tanto de la burguesía como también del colonialismo.

 

Bajo la idea de una independencia del colonialismo, nacen los movimientos de liberación nacional, que postulan la transformación de los regímenes políticos existente y la apropiación del Estado, bajo una nueva administración de corte socialista. Esta nueva expresión de la política en América Latina cuaja con el triunfo de la revolución Cubana. Finalmente, las luchas de liberación nacional son bendecidas por la Teología de la Liberación que surge en América Latina en la década del 60´.

 

Los diversos procesos mundiales y Latinoamericanos, que persiguen la liberación nacional, terminan por generar una conciencia colectiva de rechazo a todo lo que se vinculaba a la derecha económica, a la oligarquía terrateniente y al capitalismo en general, sentando la esperanza real y concreta que establecía la construcción de una nueva sociedad, donde el Socialismo representaba la esperanza de los pueblos.

 

Chile, como se podrá entender, no estaba ajeno a la guerra fría, más aún cuando en nuestro país la clase dominante procedía directamente de la oligarquía terrateniente, y de la burguesía industrial incipiente. Por lo tanto, también en nuestro país se comienza a desarrollar esta “conciencia colectiva de rechazo a todo lo que se vinculaba a la derecha económica, a la oligarquía terrateniente y al capitalismo en general”. Esta situación queda de manifiesto en la elección presidencial de 1964, donde la derecha casi desaparece del espectro electoral.

 

En este sentido, y para poder realizar un mejor análisis comparativo, se hace necesario exponer los resultados de la elección presidencial de 1958, año en que don Jorge Alessandri, representante de la derecha oligo-burguesa[1], es electo presidente de la república con sólo el 31,52% votos, seguido muy de cerca por Salvador Allende con 28,92% de los votos, y en tercer lugar Eduardo Frei Montalva con el 20.75% de los votos. Esta es la última elección “democrática” que gana la derecha chilena en el siglo XX.

 

El triunfo de don Jorge Alessandri, fiel representante de la derecha oligo-burguesa, presenta un problema para las pretensiones de EEUU., debido al rechazo generalizado a la postura de derecha manifestado por el pueblo, ante esta situación, EEUU., la interpreta como un peligro ya que con la derecha en el poder se pueden agudizar los conflictos ideológicos que permitieran a las fuerzas comunistas y socialistas avanzar más rápidamente hacia un proceso revolucionario similar al cubano. Dicha preocupación se ve reflejada a comienzos de 1961, con la creación de la “Alianza para el Progreso”, que entendía la necesidad de mejorar las condiciones materiales de existencia, que debían fundarse en las transformaciones de los procesos de desarrollo productivo.

 

Mientras en Chile, uno de los sectores más atrasados en términos de desarrollo productivo, es el agrícola representado en el campesinado, en consecuencia, ellos son los que presentan mayores niveles de exigencias políticas, sociales y económicas. Frente a este hecho, se comprende la urgencia de realizar una primera reforma agraria, esta entendida como “un proceso de subdivisión de la tierra para entregarla en propiedad a los campesinos que la trabajaban”, pero esta fue una reforma limitada, ya que sólo buscaba disminuir los niveles de conflictividad en la zona del agro, destinada a evitar el proceso de expansión de la revolución cubana. Hecho confirmado por doña Sofía Correa que expone:

 

“De este modo, al iniciarse la década de 1960, el gobierno norteamericano instaló en la política chilena la demanda por la redistribución de la propiedad de la tierra. Esta postura era comparable en su radicalidad sólo al discurso que habían tenido los partidos de la izquierda marxista, de allí que su consecuencia inevitable fue extremar los contenidos que asumió la demanda política de una reforma agraria”[2]

 

La acción de los EEUU., sólo se explica por la situación política Latino Americana, que avanza hacia un proceso de transformación revolucionaria.

 

Ahora bien, retornando a la elección de 1958, Salvador Allende, representante de las fuerzas de Izquierda, estuvo a punto de ganar la elección, frente a esta situación la potencia capitalista mundial (EEUU), comprende la necesidad de realizar acciones para frenar el avance sostenido de las fuerzas de izquierda y revolucionarias, acciones que son ejecutadas bajo la “Alianza para El Progreso” y la “doctrina de seguridad nacional”. Una de las primeras intervenciones de esta política en nuestro país, fue el apoyo económico a la candidatura presidencial de Eduardo Frei Montalva, relegando todo tipo de apoyo a la derecha. La conjugación de esta política con el repudio generalizado a la derecha, se hace manifiesta de forma concreta en la elección presidencial de 1964, y a pesar de la primera reforma agraria, ese año fue electo don Eduardo Frei Montalva con el 56.08%, de los votos, y en segundo lugar queda don Salvador Allende con el 38.92% de los votos. El triunfo de Frei Montalva, con el apoyo de los EEUU., y de la rancia oligarquía nacional, no es más que una de las manifestaciones de la guerra fría, ella expresada en el financiamiento de la campaña presidencial[3].

 

Paralelamente a la paulatina desaparición de la derecha chilena del quehacer político contingente expresado electoralmente en el país, se van instalando las bases del neoliberalismo, hecho que se produce con la llegada de la misión Klein-Saken 1951, que se constituye en Chile con el fin de asistir la crisis económica que enfrenta el gobierno de la época. Pero el momento en que el neoliberalismo sienta sus raíces definitivamente en Chile, es en el año 1956, específicamente en la Universidad Católica de Chile, institución educacional donde comienza a formar profesionales con esta ideología, con el objeto de prepararlos para asumir y dirigir las riendas del poder político y económico en el país. Estos son los famosos niños de Chicago.

 

El conflicto ideológico expresado en la guerra fría, establece la intervención permanente de los Estados Unidos en el quehacer político nacional, esto queda demostrado en las elecciones parlamentarias de 1965, donde  el “Comité 303 autorizó a la oficina local gastar hasta ciento setenta y cinco mil dólares (US$ 175.000) para dicha campaña electoral.  Además se le brindó apoyo clandestino a una variedad de candidatos seleccionados por el embajador y la oficina. Un memorándum de la CIA sobre las elecciones dió a entender que el proyecto tuvo consecuencias importantes, incluida la derrota de varios candidatos del FRAP (coalición izquierdista) que de otro modo habrían ganado asientos en el Parlamento[4]”.

 

La administración de Frei Montalva, también se vio presionada por las exigencias del agro, tanto así que a mediados de 1965,  el gobierno presentó el proyecto de reforma constitucional que “redefinía la propiedad como Social”. Esta reforma se refería al No.10) del Art.10 de La Constitución, que hasta entonces “garantizaba la inviolabilidad de todas las propiedades”, salvo por sentencia judicial o de expropiación por razones de utilidad pública calificada por una ley, en ocasión de lo cual se determinaba una indemnización. La ejecución de dicha reforma no se entiende sin las presiones realizadas por las fuerzas de izquierda y revolucionarias.

 

Esta reforma, impensada por los EEUU., termina con la propiedad privada en Chile, dicha acción política, es la gota que colmó el vaso de la derecha y de los mismos capitales internacionales, ya que, es el marco legal que será utilizado posteriormente por Salvador Allende para el proceso de nacionalización del cobre, recuperación de las materias primas  y nacionalización de las empresas.

 

La modificación de este artículo, viene a destruir las bases ideológicas del capitalismo, ya que este se funda específicamente en la libre empresa y la propiedad privada. La respuesta de la derecha es la siguiente: “Un régimen de propiedad privada es el que asegura a los particulares el dominio real o potencial sobre bienes de producción. No es entonces régimen de propiedad privada el que se limita a tolerar el dominio de bienes pequeños por los particulares y que protege la “pequeña” industria, el “pequeño” comercio, la “pequeña” propiedad agrícola. Este pequeñismo vergonzante a que se pretende reducir a los propietarios privados no es ya, como lo ha demostrado la experiencia, sino una de las tantas instancias de la dolorosa ruta hacia el socialismo“[5]. En este momento, la derecha comprende la necesidad urgente de terminar con la legalidad vigente (la constitución del 25), y eliminar el poder de los trabajadores y el pueblo, ya que si no lo hace, se verá destruida.

 

Pero el rechazo hacia la derecha manifestada por el gobierno de Frei Montalva, no queda solamente en terminar con la propiedad privada, a esta se suma una segunda reforma agraria y el otorgamiento del derecho a voto a los suboficiales de las fuerzas armadas y de orden, estableciendo un estado de conflicto permanente, con las fuerzas políticas de la derecha que se ven en la necesidad de reagruparse bajo el apoyo sostenido e incondicional de los EEUU., que asume también la necesidad de evitar el avance de los trabajadores y el pueblo.

 

Bajo esta confrontación ideológica se produce la elección presidencial de 1970, donde Salvador Allende vence con la primera mayoría relativa de un 36,6%, lo que obliga al Congreso Nacional a ratificar la elección. De ese modo, Salvador Allende se convirtió en el primer presidente Marxista que accedió al poder a través de elecciones democráticas en un Estado de Derecho burgués, Estado de Derecho que se hizo necesario modificar.

 

Como todo el mundo sabe, en 1970,  es la primera vez en la historia del mundo occidental que se produce la elección de un presidente socialista vía democracia burguesa. Hasta ese momento, se había instalado la idea de que un régimen socialista sólo podía llegar al poder por la vía armada, ya que las fuerzas comunistas y socialista eran la representación de la violencia política.

 

Con la elección de Allende, toda la mitología construida sobre la violencia del socialismo es destruida, y se comienza a instalar la idea de que es posible el socialismo por vía democrática y pacífica.

 

Una vez instalado un marxista en la Moneda, la lucha ideológica se hace abierta y manifiesta, instalándose el conflicto o lucha entre el bien y el mal, donde, por supuesto, los malos son los marxistas y los buenos son los defensores de la libre competencia y la propiedad privada, en consecuencia, son los defensores del mundo libre. Donde los malos, comunistas y socialistas, son la expresión de la dictadura marxista, que tienen un discurso aprendido y lo único que hacen es repetirlo, ya que por su condición de trabajadores y pobladores, son incapaces de pensar libremente, por lo tanto, sólo saben repetir lo que dicen sus partidos o el comunismo internacional, argumento que se pretende instalar en la cosmovisión de los trabajadores y el pueblo, esta postura de la derecha, tiene como intención establecer que el socialismo es la expresión de la dictadura marxista, que niega toda libertad individual y que prohíbe la propiedad privada, todo ello reforzado con la siguiente premisa: “los comunistas responden a intereses foráneos y no a los máximos valores de la patria y la nación” asegurando al mismo tiempo que los marxistas son todos unos vende patria, en consecuencia el marxismo es la máxima representación del mal absoluto.

 

El discurso expuesto, que fue sistemáticamente difundido por los medios de comunicación del enemigo en el periodo en que Salvador Allende fue presidente, tenían el objeto de facilitar la aceptación de acusaciones mayores contra el mismo gobierno, acusaciones que afirmaban que “la guerrilla avanzaba por el país y amenazaba las zonas más pobladas”, o "Grupos armados de guerrilleros se están acercando peligrosamente a Santiago" y para el primer año del gobierno de la Unidad Popular se publicó en periódicos de propiedad del enemigo a grandes titulares  afirmaciones tales como "Baño de sangre prepara el MIR". Todas estas publicaciones buscaban sostener la existencia de un enemigo interno representado por los socialistas y comunistas chilenos, quienes respondían a intereses foráneos.

 

“Esta estrategia comunicacional no fue lanzada en el vacío, sino en el contexto de una lucha política, del desabastecimiento, de manifestaciones y contramanifestaciones públicas, de amenazas de hambre, y fueron pensadas fundamentalmente para las capas medias, a las que se buscaba aterrorizar con la idea de que sus hijos fueran enviados a Cuba a hacer cursos de guerrilla y que la educación los convertiría en máquinas programadas por el comunismo internacional. La definición de una derecha en guerra permitía todo”[6].

 

A pesar de toda la propaganda contra la Unidad Popular, los diversos conflictos asociados como paros, huelgas, movilizaciones e incluso el desabastecimiento interno, el domingo 4 de marzo de 1973, día que se efectuaron las elecciones parlamentarias en Chile, la Unidad Popular obtuvo 44,11% de los votos, porcentaje mucho mayor al obtenido en la elección parlamentaría de 1969, donde sólo se alcanza el 29,89%, y mayor al obtenido en la elección donde Salvador Allende es electo presidente.

 

La información asociada a los datos expuestos, nos permiten concluir sin mayor duda que los trabajadores y el pueblo asumieron un camino de transformación revolucionaría, destinado a construir el socialismo, que tendría como una de sus consecuencias, terminar con la rancia oligarquía y la burguesía existente en nuestro país, situación comprendida a la perfección por el enemigo nacional y extranjero, por lo tanto, se hizo necesario y urgente un golpe de Estado contra la unidad popular, contra los derechos ganados por los trabajadores, contra el marxismo, en consecuencia contra el pueblo de Chile.

 

El golpe de Estado, como se podrá observar no tenía el objeto de transgredir los derechos humanos, todo lo contrario, fue ejecutado para defender la dignidad de la propiedad privada, del libre comercio y los valores superiores de la patria, todos ellos representados por la oligarquía y burguesía nacional.

 

El asesinato, la desaparición, el encarcelamiento, la tortura, en definitiva la violación de los derechos fundamentales de las personas, fue una herramienta necesaria para sembrar el temor entre los trabajadores y el pueblo, que perseguía evitar a través del miedo que este pueblo organizado se defendiera y que luchara por los derechos que tanto le había costado conseguir a través de toda una historia.

 

Finalmente, establecer que el 11 de septiembre es una fecha que sólo nos hace recordar la violación de los derechos humanos, es un error político, es un error histórico, es no reconocer la lucha que por décadas los trabajadores y el pueblo dieron para conquistar sus derechos, luchas destinadas a mejorar sus condiciones materiales de existencia, luchas que finalmente buscaban obtener lo que nos pertenece, la riqueza que produce nuestro trabajo.

 

Para descargar este artículo pinche aquí

 



[1] Oligo-Burguesa: Hace referencia a la clase social que representa a un grupo minoritario de personas, hoy definidos como los capitalistas modernos, quienes son propietarios de los medios de producción y que compran la fuerza de trabajo por un salario, estableciendo un rol de dominación en todos los ámbitos del quehacer social, cultural, económico y político.

 

[2]Sofía Correa: Con las Riendas del Poder. La Derecha Chilena en el Siglo XX. Página 238

[3] Informe Church: La elección presidencial de 1964 fue el principal ejemplo de un proyecto electoral de gran envergadura. La Agencia Central de Inteligencia gastó más de dos millones seiscientos mil dólares (US$ 2.600.000) en apoyar la elección del candidato democratacristiano, en parte para impedir el ascenso al poder del marxista Salvador Allende. Los Estados Unidos financiaron más de la mitad de la campaña del candidato democratacristiano, aunque el candidato no fue informado de esta asistencia. Además, la oficina local brindó apoyo a una variedad de grupos pro-demócratacristianos del ámbito estudiantil, femenino, profesional y campesino. También fueron financiados otros dos partidos políticos, en un esfuerzo por esparcir los votos.

[4]Sofía Correa: Con las Riendas del Poder. La Derecha Chilena en el Siglo XX. Página 262

[5] “Erosión de la Propiedad Privada”, Portada, N° 18, Abril de 1971, p 3-4. Citado por:Valdivia Ortiz de Zárate, Verónica: NACIONALES Y GREMILIASTAS. El “Parto” de la nueva Derecha Política Chilena, 1964-1973. LOM Ediciones. Primera Edición 2008 P. 370

[6]Valdivia Ortiz de Zárate, Verónica: NACIONALES Y GREMILIASTAS. El “Parto” de la nueva Derecha Política Chilena, 1964-1973. LOM Ediciones. Primera Edición 2008 P. 297